
Mirarnos con nuestros propios ojos
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Cómo me cuido y por qué es tan importante
agosto 19, 2025La forma en la que nos hablamos es mucho más que un simple pensamiento que pasa por la cabeza; es la voz que nos acompaña a todas partes, que nos guía o nos limita, que nos impulsa o nos frena.
Nuestro diálogo interno es como una narración constante de lo que somos, hacemos y vivimos. Y, aunque muchas veces no lo notamos, esa narración puede convertirse en un arma que fortalece o en una trampa que nos hunde.
La voz que heredamos
Nadie nace hablándose mal a sí mismo. Esa voz crítica, dura o pesimista muchas veces es aprendida. Puede venir de las palabras que escuchamos de quienes nos criaron, de experiencias de rechazo, burlas o desvalorización, o incluso de la exigencia constante de “ser mejores” sin espacio para el error.
Con el tiempo, esas frases externas se convierten en internas: ya no necesitamos que alguien más nos critique; lo hacemos nosotros mismos.
Cómo me hablo condiciona cómo vivo
Si mi diálogo interno está cargado de autocrítica, miedo y duda, es probable que:
- Evite nuevos retos por temor a fracasar.
- Tenga relaciones donde acepto menos de lo que merezco.
- Interprete cualquier error como una confirmación de que “no soy suficiente”.
En cambio, cuando me hablo con respeto, paciencia y apoyo, empiezo a crear un ambiente emocional donde es seguro intentar, equivocarme y aprender.
La relación entre el diálogo interno y mis vínculos
Nuestra forma de hablarnos impacta directamente en cómo nos relacionamos:
- Si me desvalorizo, busco relaciones donde me confirmen esa imagen, incluso si son dañinas.
- Si me respeto, pongo límites y elijo entornos que suman.
- Si soy compasivo conmigo mismo, tengo más empatía y comprensión hacia los demás.
En otras palabras, la calidad de mis vínculos no solo depende de cómo me tratan los otros, sino también de cómo me trato yo.
Cambiar la voz: del juez al aliado
Transformar nuestro diálogo interno no es cuestión de repetir frases bonitas en el espejo, sino de:
- Observar: notar cómo me hablo en situaciones de error, estrés o fracaso.
- Identificar el origen: reconocer de dónde aprendí ese tono o esas palabras.
- Reemplazar conscientemente: cambiar “No puedo” por “No sé aún cómo, pero puedo aprender”.
- Practicar la compasión: hablarme como lo haría con alguien que amo y respeto.
Un cambio que cambia todo
Cuando cambiamos la forma en la que nos hablamos, no solo mejora nuestra autoestima: también cambia nuestra manera de tomar decisiones, de reaccionar ante las dificultades y de relacionarnos con los demás.
Porque al final, la voz que más escuchamos en la vida es la nuestra. Y si esa voz nos cuida, nos acompaña y nos alienta, todo a nuestro alrededor comienza a sentirse diferente.
Permíteme ayudarte a conseguir tu verdadera voz, a que puedas hablarte mejor, como mereces en realidad.
Estoy para ti.
Claudia Girón
@psclaugiron
https://www.claudiagiron.com/