
Para la persona equivocada, nunca vas a ser suficiente
octubre 21, 2025
¿Por qué nos cuesta tanto desvincularnos de personas que nos hacen daño?
noviembre 4, 2025No hace falta una máscara ni una noche de sustos para vivir el verdadero horror. A veces, el miedo más profundo se siente en silencio, en medio de una relación donde el amor se confunde con control, la cercanía con manipulación y el cariño con culpa.
Hay vínculos que, sin darnos cuenta, se transforman en escenarios de conductas de terror emocional. No siempre son visibles desde afuera, pero se sienten: drenan la energía, distorsionan la percepción de uno mismo y nos hacen creer que amar duele o que hay que soportar para merecer.
El miedo disfrazado de amor
«En algunas relaciones, el miedo se disfraza de amor. Se disfraza de frases tiernas, de promesas, de actos que parecen protectores, pero que esconden control, indiferencia o manipulación».
Estas conductas no aparecen de un día para otro. Se instalan poco a poco, con gestos sutiles que van erosionando la seguridad emocional hasta que la persona termina creyendo que “esto es normal”.
La manipulación emocional: el miedo camuflado de cuidado
La manipulación no siempre grita. A veces llega envuelta en frases como “lo hago por tu bien” o “si me quisieras, harías esto por mí”. Detrás de ese discurso hay un intento de control mediante la culpa o el miedo.
Quien manipula busca que el otro actúe desde la obligación, no desde la libertad. Y con el tiempo, la persona manipulada comienza a dudar de su propio criterio, de sus emociones y de su valor.
Ahora bien, el daño no se ejerce siempre solo con palabras.
La indiferencia —ese desinterés constante, esa falta de presencia emocional— también es una forma de maltrato. Ignorar al otro, minimizar su dolor o no validar sus emociones es una manera de decir “no importas tanto”.
La indiferencia congela los vínculos, deja huellas invisibles y apaga el deseo de compartir.
Las comparaciones también se convierten en heridas que no sanan.
- “Mi ex hacía esto mejor.”
- “Mi amiga no se queja tanto.”
Las comparaciones son puñales disfrazados de comentarios casuales. Negar la singularidad del otro es negar el amor que se construye en el presente.
Con el tiempo, las comparaciones erosionan la autoestima y la conexión emocional, instalando una sensación permanente de no ser suficiente.
El chantaje, que genera tanto daño, se sostiene en frases como:
- “Después de todo lo que hice por ti.”
- “Si me dejas, me destruyes.”
- “Yo te necesito, no puedes abandonarme.”
Son expresiones que colocan al otro en el rol de salvador o responsable del bienestar ajeno.
La culpa se convierte entonces en una cadena invisible que impide poner límites o tomar decisiones libres. Amar desde la culpa no es amor, es miedo a perder.
La crítica constante: cuando el amor se vuelve juicio
Una observación constructiva ayuda a crecer; una crítica constante destruye.
«Cuando la relación se llena de reproches, sarcasmos o comentarios que subestiman, el vínculo deja de ser un espacio seguro».
Quien recibe críticas permanentes empieza a replegarse, a esconder su esencia, a caminar con cuidado para no “molestar”.
Y en ese intento por evitar el conflicto, se pierde la espontaneidad y el amor se vuelve un campo minado.
El “chivo expiatorio”: cargar lo que no te corresponde
En algunas parejas o familias, hay alguien que siempre “tiene la culpa de todo”. Esa persona se convierte en el depósito de las frustraciones ajenas.
Ser el chivo expiatorio es vivir en un ciclo de injusticia emocional donde el amor se confunde con carga. Pero cargar con lo que no te corresponde no es lealtad, es abandono de uno mismo.
Cuando amar se vuelve obligación
- “Debo seguir con él, porque me necesita.”
- “Sería egoísta irme ahora.”
- “Yo prometí estar para siempre.”
El amor no florece en la obligación, sino en la elección. Cuando quedarse se convierte en deber, deja de haber amor y empieza la culpa.
El amor sano no se sostiene en el sacrificio, sino en el deseo genuino de estar.
Sanar después del terror
Si te reconoces en alguna de estas conductas —ya sea viviéndolas o ejerciéndolas— no te castigues.
Nadie nace sabiendo amar; todos aprendemos con las herramientas emocionales que tenemos. La clave está en reconocer, tomar conciencia y pedir ayuda.
El amor no debería doler, dar miedo ni reducirte. El amor verdadero acompaña, escucha y te permite crecer.
Este Halloween, más allá de los disfraces, mírate sin máscaras. Pregúntate si tus vínculos te dan vida o te la quitan poco a poco.
Porque a veces, el acto más valiente no es quedarse… sino dejar de tenerle miedo a irte.
Súmate a la comunidad gratuita “Un viaje hacia ti”, donde cada semana compartimos herramientas para reconectarte contigo, sanar desde el amor y aprender a vincularte sin miedo.
Con cariño,
Claudia Girón
@psclaugiron

