
Cómo volver a confiar después de que te hirieron
diciembre 9, 2025
¿Por qué hay personas que solo saben vincularse desde el conflicto?
diciembre 23, 2025A muchas personas les ocurre algo aparentemente contradictorio: desean una relación, buscan conexión, intimidad y cercanía… pero ante el primer conflicto, la primera incomodidad o el menor desencuentro, sienten un impulso casi automático de huir.
No es ni falta de amor ni inmadurez. Y, en la mayoría de los casos, tampoco es desinterés real. Es miedo.
Un miedo que se activa cuando el vínculo deja de ser ideal y aparece lo humano: el desacuerdo, la frustración, el límite, la diferencia.
El conflicto como amenaza emocional
Para algunas personas, el conflicto no es una oportunidad de diálogo, sino una señal de peligro. El cuerpo reacciona como si algo grave estuviera a punto de ocurrir: ansiedad, aceleración del pensamiento, necesidad urgente de distancia, fantasías de ruptura o de escape.
Esto sucede porque el sistema emocional no está leyendo el conflicto como algo puntual, sino como una amenaza al vínculo o a la propia identidad.
No se trata de lo que está pasando ahora, sino de lo que el conflicto representa internamente.
De dónde vienen estas ganas de huir
En la mayoría de los casos, este impulso tiene raíces tempranas.
Creciste en un entorno donde el conflicto era caótico, silencioso o peligroso. Tal vez las discusiones terminaban en gritos, abandono emocional, castigos, indiferencia o ruptura del vínculo. O quizá aprendiste que expresar lo que sentías generaba rechazo, tensión o culpa.
Entonces el cuerpo aprendió una lección muy clara: conflicto = pérdida del amor o del vínculo.
Y hoy, en la adultez, aunque la relación sea distinta, el sistema emocional reacciona igual que antes: huir para protegerse.
El miedo que no siempre se ve
Detrás de esas ganas de salir corriendo suele haber miedos muy profundos:
- Miedo a no ser suficiente
- Miedo a decepcionar
- Miedo a ser rechazado si muestras tu verdadera opinión
- Miedo a perder al otro
- Miedo a perderte a ti mismo dentro de la relación
«Cuando no sabemos cómo sostener el desacuerdo sin sentir que el vínculo está en riesgo, la huida aparece como una solución rápida para calmar la ansiedad».
Alejarse, cortar, bloquear, desaparecer emocionalmente… todo eso da alivio inmediato. Pero no resuelve el fondo.
Evitar el conflicto no es lo mismo que estar en paz
Muchas personas confunden tranquilidad con ausencia de conflicto. Pero una relación sin conflicto no es necesariamente una relación sana; a veces es solo una relación donde alguien se calla, se adapta o se va internamente.
El problema no es el conflicto en sí, sino no haber aprendido a atravesarlo de forma segura.
Cuando no sabemos discutir sin destruir, poner límites sin culpa o expresar malestar sin sentir que todo se va a romper, el conflicto se vuelve insoportable. Y entonces aparece la fantasía de irse.
El estilo de apego y la huida
Este patrón suele estar muy vinculado al apego evitativo o desorganizado. Personas que aprendieron que depender emocionalmente era peligroso o que el amor venía con dolor.
Por eso, cuando la relación se profundiza —justo cuando empieza a importar de verdad— surge la necesidad de tomar distancia. No porque no haya amor, sino porque hay demasiado en juego.
Lo que realmente necesitas no es huir, sino aprender a quedarte
Quedarte no significa tolerar lo que te daña. Quedarte significa aprender a estar presente cuando algo incomoda, sin desaparecer ni atacarte a ti mismo o al otro.
Implica desarrollar recursos emocionales que quizá nunca te enseñaron:
- Expresar lo que sientes sin entrar en pánico
- Entender que un conflicto no define el valor del vínculo
- Diferenciar una discusión de una amenaza real
- Poner límites sin necesidad de romper
Eso se aprende. No es instinto, es experiencia emocional corregida.
Cuando huir se vuelve un patrón
Si cada conflicto activa en ti el deseo de terminar, desaparecer o empezar de cero con alguien más, es importante detenerte y mirar con honestidad: no es la relación, es el modo en que te vinculas con el malestar.
Y eso no te hace débil. Te hace humano.
«La buena noticia es que estos patrones no son sentencias. En terapia, pueden entenderse, desarmarse y transformarse».
Porque cuando el miedo deja de conducir, el conflicto deja de ser una amenaza y puede convertirse en lo que realmente es: una oportunidad de crecer, de conocerte y de construir vínculos más reales.
A veces, el verdadero acto de valentía no es irse… sino quedarse y aprender a estar.
Hablemos cuando quieras, cuando te sientas listas, cuando sea tu deseo. Aquí estaré para ti.
Tu amiga,
Claudia Girón
@psclaugiron

