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diciembre 2, 2025
Las ganas de salir corriendo: cuando el conflicto activa el miedo
diciembre 16, 2025Volver a confiar después de haber sido herida no es fácil. Cuando alguien te lastima —ya sea una pareja, un vínculo cercano o una figura significativa— no solo se rompe la relación: se quiebra la sensación de seguridad interna. De pronto, el mundo se siente menos predecible y las personas, más peligrosas.
Si hoy te descubres dudando, cerrándote o viviendo los vínculos con alerta constante, no es que estés rota ni que seas “demasiado desconfiada”. Es tu sistema psíquico intentando protegerte de volver a sufrir.
Entender la herida: cuando la desconfianza es una defensa
«Después de una traición, un engaño o una decepción profunda, la mente activa mecanismos de supervivencia: miedo, hipervigilancia, sospecha constante, necesidad de control».
Estos estados no son fallas de carácter, son respuestas normales ante una experiencia que dejó huella.
El problema aparece cuando esas defensas, que alguna vez fueron necesarias, se quedan activas incluso cuando el peligro ya no está. Entonces, cada nuevo vínculo se vive como una amenaza y no como una posibilidad.
Sanar empieza por comprender esto: la desconfianza no es debilidad, es una herida no atendida.
Reconstruirte a ti antes de confiar en otros
Muchas personas intentan volver a confiar “directamente” en alguien nuevo, pero la confianza no se reconstruye primero afuera, sino adentro.
Confiar en otros nace de la confianza en ti misma:
- en tu capacidad de poner límites
- en tu criterio para elegir
- en tu habilidad para detectar señales y protegerte si algo no está bien
Cuando confías en que puedes cuidarte, el miedo al daño disminuye. Ya no necesitas cerrarte por completo, porque sabes que aunque algo no funcione, no te perderás a ti.
No generalizar: una herida no define al mundo
Una de las consecuencias más frecuentes del dolor vincular es la generalización: “Todos engañan”, “nadie es confiable”, “si me abro, me van a herir”.
Pero una persona que te dañó no representa a todas. Un vínculo fallido no define el futuro de tus relaciones.
Reaprender a confiar implica diferenciar el pasado del presente, entender que cada vínculo es nuevo y que no todas las historias se repiten, aunque el miedo intente convencerte de lo contrario.
Comunicar tus necesidades también es autocuidado
Volver a confiar no significa exponerte sin palabras ni adaptarte al ritmo del otro para no “parecer complicada”. Decir “necesito ir despacio”, “me ayuda la claridad” o “esto me da seguridad” no es exigir: es cuidarte.
La comunicación honesta reduce la ansiedad porque deja de lado la adivinación y el silencio. Y además, te permite observar algo clave: cómo responde el otro cuando expresas lo que necesitas. Ahí también se construye la confianza.
La exposición gradual: abrirte sin forzarte
«La confianza no vuelve de golpe. Se reconstruye con pequeñas aperturas, paso a paso, observando si hay coherencia entre palabras y acciones».
No se trata de entregarte por completo ni de cerrar todas las puertas, sino de permitirte probar, ver cómo te sientes, registrar si hay respeto, cuidado y constancia.
Darte tiempo no es retroceder. Es avanzar de una forma más consciente.
Confiar de nuevo es un proceso, no una obligación
Volver a confiar después de una herida profunda requiere:
- autoconfianza
- límites claros
- experiencias vinculares seguras
- tiempo
No hay atajos emocionales. Y no estás obligada a confiar antes de estar lista.
Confiar no es exponerte al daño, es elegir abrirte desde un lugar más fuerte, más consciente y más conectado contigo.
Y si sientes que el miedo sigue gobernando tus vínculos, que te cuesta soltar la vigilancia o que no sabes cómo volver a abrirte sin perderte, la terapia puede ser un espacio seguro para reconstruir esa confianza desde adentro hacia afuera.
Porque confiar otra vez no es olvidar lo que pasó. Es aprender a relacionarte sin vivir prisionera de ello.
Claudia Girón
@psclaugiron

