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mayo 5, 2025A veces escucho a personas decir que quieren una vida tranquila, relaciones estables, paz interior. Que sueñan con sentir equilibrio, merecimiento, alegría cotidiana. Pero cuando profundizamos un poco, aparece algo más profundo: la idea de que eso no es posible para ellas.
No porque no lo deseen. No porque no lo busquen. Sino porque, en algún rincón de su historia, alguien les enseñó que una vida así no era para ellas.
Creencias como: “la vida siempre es dura”, “la paz es para los que tienen dinero”, “si estás bien, algo malo va a pasar”, “no te relajes, siempre hay que estar alerta”, “la plenitud es una fantasía”.
Frases que se instalaron en la infancia, o en etapas marcadas por el dolor, y que se quedaron a vivir adentro. Como si llevar calma en el cuerpo fuera un lujo. Como si vivir bien generara culpa.
Entonces, aunque hoy tengamos otras posibilidades, seguimos arrastrando esa desconfianza. Seguimos boicoteando la paz que queremos alcanzar.
«Porque en el fondo… una parte de nosotros no cree que se puede. O no cree que la merece».
Por eso, antes de construir una vida plena, hay que hacer espacio dentro de uno. Espacio para soltar el pasado que nos limita, para cuestionar esas ideas heredadas que nos dicen que siempre hay que pelear, que el dolor es parte del amor, que lo bueno no dura, que si uno está bien es porque está ignorando algo.
Nadie florece si vive con miedo a florecer. Nadie se permite descansar si cree que descansar es peligroso. Nadie se siente pleno si aprendió que la plenitud es una trampa.
El trabajo terapéutico muchas veces comienza ahí: en reconocer que tenemos derecho a vivir bien, a estar en calma sin culpa, a elegir relaciones estables sin miedo al aburrimiento, a soltar la lucha constante, a dejar de anticipar tragedias y a permitirnos recibir.
No es fácil desaprender. No es automático. Es un proceso.
«Pero cuando empezamos a mirar con ternura esas ideas que nos alejaban del bienestar, cuando las nombramos, cuando las entendemos, empieza a aparecer otra voz: más auténtica, más presente, más libre».
Y esa voz empieza a decirnos:
Sí, puedes estar bien.
Sí, puedes confiar.
Sí, puedes construir una vida donde haya equilibrio, paz, plenitud.
Sí, puedes, aunque antes nadie te lo haya dicho.
El primer paso no es tener todo resuelto. El primer paso es creer que vivir mejor no solo es posible, sino que es tuyo por derecho.
¿Emprendemos juntas el viaje hacia una vida más plena para ti.
Estoy para ti.
Claudia Girón
@psclaugiron