
Conductas de terror: el verdadero Halloween de las relaciones
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Te ama por lo que das
noviembre 11, 2025Una de las experiencias más difíciles y confusas en la vida emocional es reconocer que alguien a quien queremos —una pareja, un familiar, un amigo o incluso un compañero de trabajo— nos está haciendo daño.
Y sin embargo, lo más desconcertante no siempre es el dolor que esa persona provoca, sino la dificultad para alejarnos, incluso cuando sabemos que la relación no nos hace bien.
El apego como raíz del vínculo
Desde que nacemos, nuestro bienestar depende de los vínculos. Necesitamos del otro para sobrevivir, aprender y sentirnos seguros.
Esa necesidad de conexión nos acompaña toda la vida. De adultos, seguimos buscando en los vínculos el mismo refugio emocional que de niños nos daba seguridad.
Por eso, cuando una relación se vuelve dañina, romper ese lazo no es solo una decisión racional, sino una batalla emocional.
El cerebro, condicionado por el apego, activa mecanismos de negación, esperanza o autoengaño para conservar la sensación de pertenencia:
“Va a cambiar”, “no es tan grave”, “yo también tengo mis errores”.
«En el fondo, el miedo a perder el vínculo se siente como una amenaza a nuestra identidad y a nuestra seguridad emocional».
La inercia emocional: cuando el hábito pesa más que la paz
A esto se suma un fenómeno psicológico conocido como inercia emocional. Nos acostumbramos a ciertos patrones, incluso si duelen.
La costumbre crea una ilusión de estabilidad: “ya sé cómo manejar esto”, “prefiero lo malo conocido”.
Romper el vínculo implica enfrentar lo incierto, mirar el vacío y tolerar la soledad, algo que muchas veces genera más miedo que el propio sufrimiento.
El ser humano tiende a buscar la coherencia y la familiaridad, y a veces eso significa repetir lo conocido aunque no sea saludable.
Creencias que perpetúan el daño
A lo largo de la vida, muchas personas aprenden mensajes que refuerzan la permanencia en relaciones que duelen:
- “El amor todo lo puede.”
- “Perdonar siempre es lo correcto.”
- “Si me esfuerzo más, todo va a mejorar.”
Estas creencias, profundamente arraigadas en la educación afectiva, generan culpa ante la idea de poner límites o alejarse.
Y la culpa es uno de los frenos más poderosos: nos hace dudar, nos hace pensar que abandonar una relación es sinónimo de egoísmo o de fracaso.
El peso del recuerdo y la esperanza
Las relaciones tóxicas rara vez son completamente oscuras.
Suelen tener momentos de ternura, conexión o felicidad que se convierten en el ancla emocional que nos retiene. Recordamos los instantes buenos y queremos creer que esos volverán.
«El problema es que esa esperanza nos ata a una versión del otro que ya no existe —o que quizás nunca existió del todo—, y nos impide ver el daño presente».
El papel de la culpa y la autocrítica
Cuando una relación se deteriora, es común que surjan pensamientos como:
- “Yo debería ser más paciente.”
- “Tal vez no soy suficiente.”
- “Quizás el problema soy yo.”
Estas ideas no solo alimentan el malestar, sino que refuerzan el ciclo de dependencia emocional.
Buscamos reparar la relación a cualquier precio, incluso si ese precio es nuestro bienestar.
Desvincularse también es amar(se)
Aprender a soltar a alguien que nos hiere no es un acto de frialdad ni de venganza, sino un gesto profundo de amor propio.
Significa entender que el amor no debería doler más de lo que sana, y que cuidar del propio equilibrio emocional también es un compromiso con la vida.
Sí, duele. Duele perder lo conocido, duele admitir que no todo se puede arreglar, duele asumir que alguien a quien quisimos no puede ofrecernos lo que necesitamos.
Pero ese dolor es temporal.
El sufrimiento de quedarte en un vínculo que te lastima, en cambio, se vuelve crónico.
Sanar después del desprendimiento
Con el tiempo, alejarte de lo que te hace daño te enseña algo valioso: que tu paz vale más que cualquier vínculo, que tu bienestar no depende de que el otro cambie, y que puedes amar sin perderte.
En ese proceso, la terapia puede ser una guía segura para reconstruir tu autoestima, fortalecer tus límites y reconciliarte con la idea de que el amor sano no exige sacrificarse.
Alejarte no siempre es rendirse. A veces, es simplemente elegirte.
Te espero en terapia, para que juntas transitemos el camino hacia tu bienestar.
Con amor,
Claudia Girón
@psclaugiron

