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Te ama por lo que das

Hay amores que parecen profundos, pero solo se sostienen mientras sigues dando. Mientras complaces, ayudas, escuchas, resuelves, sostienes.

Y cuando dejas de hacerlo —cuando un día no puedes, o simplemente no quieres—, la relación se tambalea, se enfría o se rompe.

Entonces llega la pregunta más dolorosa: ¿Realmente me amaban, o amaban lo que yo daba?

Cuando el amor se vuelve transaccional

Hay vínculos en los que el afecto se construye sobre una base desigual: uno da, el otro recibe. Uno ofrece comprensión, apoyo, tiempo, esfuerzo, y el otro simplemente se acostumbra a recibirlo como si fuera lo natural.

Ese tipo de amor no es amor: es un intercambio emocional desequilibrado, donde el valor de la relación depende de tu capacidad para sostenerla.

Si dejas de dar, parece que también dejas de valer.

Este patrón no aparece de la nada. Suele formarse en la infancia, cuando aprendimos —de forma sutil o explícita— que para ser queridos debíamos portarnos bien, ser útiles, no molestar, no necesitar demasiado.

«Así creamos una idea del amor basada en el merecimiento: “me van a querer si me esfuerzo lo suficiente”».

De adultos, esa creencia se traduce en relaciones donde confundimos ser amados con ser necesarios. Y terminamos agotados, porque amar desde el dar constante es vivir en deuda emocional.

El costo de amar desde la entrega

Cuando solo te aman por lo que das, el amor se vuelve una forma de autoabandono. Te conviertes en cuidador, salvador, solucionador, hasta que un día te das cuenta de que has desaparecido detrás de todo lo que ofreces.

El problema no es dar —dar es hermoso, es parte del amor genuino—, sino dar para ser querido. Cuando das desde el miedo a no ser suficiente, el gesto deja de ser libre y se convierte en una forma de sostener la relación a costa de ti.

Y lo más doloroso: las personas que solo te aman por lo que das nunca se preguntan quién eres cuando dejas de dar. No les interesa conocer tu cansancio, tu necesidad, tu deseo. Solo buscan la función que cumples en sus vidas.

Amar no es dar sin medida

«El amor real no se mide por la cantidad de cosas que haces, sino por la libertad que hay entre dos personas para ser y coexistir».

Amar no es complacer todo el tiempo, ni anticipar lo que el otro necesita antes de que lo pida. Amar es poder ser tú mismo sin miedo a dejar de ser querido.

Si solo eres amado cuando entregas, estás siendo condicionado, no amado. Y el amor condicionado no construye, desgasta.

Qué puedes hacer si siempre das más de lo que recibes

El primer paso es mirar tu patrón con honestidad: 

  • ¿Por qué crees que debes dar tanto?
  • ¿A quién intentas demostrarle tu valor?
  • ¿Desde cuándo crees que amar implica sacrificarte?

Una vez que reconoces de dónde viene esa necesidad, puedes empezar a poner límites. Límites que no te cierran al amor, sino que protegen tu energía emocional.

«Aprende a observar quién se queda cuando no das. Quién te acompaña cuando no puedes sostener. Quién te ama también en tu silencio, tu cansancio o tu pausa».

Porque quien te ama de verdad no te mide por lo que haces, sino por lo que eres. Te quiere presente, no funcional. Te quiere viva, no perfecta.

El amor que mereces

Cuando sanas tu necesidad de ser amado a través del dar, algo dentro de ti se acomoda. Aprendes que no tienes que ganarte el amor, que no necesitas demostrarlo con sacrificios. 

Y ahí comienzan las relaciones más libres: las que se construyen desde la reciprocidad, no desde el desequilibrio.

El amor sano no te pide más de lo que puedes dar. No te premia por tu entrega, ni te castiga por tu cansancio. Te abraza en ambas versiones: la que ofrece y la que simplemente existe.

Recuerda:  Quien te ama de verdad no te ama por lo que das, te ama porque eres.

Con amor,
Claudia Girón
@psclaugiron

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Claudia Girón
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