
¿Por qué no me permito la rabia?
junio 9, 2025
¿Por qué necesito tener todo bajo control?
junio 23, 2025Vivimos en una cultura que celebra la autosuficiencia, el “todo bien” y la positividad constante. Mostrar emociones intensas, hablar del dolor o decir que no podemos más suele percibirse como debilidad.
Y sin darnos cuenta, comenzamos a esconder lo que sentimos, a negar nuestras necesidades y a endurecer el corazón.
«Pero ser vulnerables no es sinónimo de ser débiles. Todo lo contrario: la vulnerabilidad es una forma profunda de valentía emocional».
¿Qué es ser vulnerable?
Ser vulnerable es permitirnos estar en contacto con lo que sentimos, sin máscaras. Es reconocer el miedo, la tristeza, la rabia, la soledad… y dar les un lugar sin juzgarnos por ello.
Ser vulnerables es decir: “Esto me duele”, “Esto me cuesta”, “Hoy no estoy bien”. Y al hacerlo, abrimos la puerta a lo más humano que tenemos: la capacidad de conectar con nosotros mismos y con los demás desde la verdad.
¿Por qué nos cuesta tanto mostrarnos así?
Porque nos enseñaron que sentir tristeza es rendirse. Que mostrarse frágil es peligroso. Que si bajamos la guardia, alguien podría aprovecharse.
Entonces aprendimos a resistir, a sostenernos solos, a sonreír aunque estemos rotos por dentro. Nos volvimos expertos en guardar la lágrima para después, en cambiar de tema, en responder “todo bien” por inercia.
«Pero el precio de esa fortaleza fingida suele ser muy alto: desconexión emocional, ansiedad, vacío, agotamiento».
La tristeza no es enemiga, es maestra
La tristeza es una emoción fundamental. Nos habla de pérdidas, de despedidas, de duelos internos. Es la señal de que algo nos importaba. De que algo valía.
Sentir tristeza no es un error del sistema, es un recurso natural del cuerpo para procesar lo que duele. Cuando no la escuchamos, cuando la tapamos o la rechazamos, esa emoción no desaparece… se transforma: en angustia, en insomnio, en cansancio crónico, en irritabilidad.
Darle espacio a la tristeza no te debilita. Te humaniza.
El poder de ser reales
Mostrarnos como somos —con lo luminoso y lo sombrío— no nos hace menos fuertes. Nos hace más auténticos, más conectados, más capaces de vivir una vida con sentido.
Aceptar nuestra vulnerabilidad es salir del personaje que aparenta tenerlo todo resuelto. Y en su lugar, habitar la verdad emocional, incluso si esa verdad incomoda. Incluso si esa verdad nos pide llorar.
La buena noticia es que al atravesar la tristeza, también estamos generando el espacio para algo nuevo: la calma que viene después de sentir. La claridad que llega tras dejar caer lo que pesaba. La paz de ya no tener que fingir.
Ser fuerte no es resistirlo todo.
Es permitirte sentirlo todo sin dejar de ser tú.
Si estás en un momento en el que la tristeza aparece con fuerza, recuerda: no necesitas pelear contra ella. Solo abrazarla con cuidado, buscar acompañamiento si lo necesitas, y darte el permiso de ser real.
Porque lo que se siente, se sana.
¿Y tú? ¿Ya te diste permiso para sentir?
Con cariño,
Claudia Girón
@psclaugiron